25 Feb 2018

¿Por qué cuesta decir “no”?

¿Por qué cuesta decir “no”?

Desde el punto de vista del aprendizaje social las habilidades sociales son un conjunto de conductas aprendidas y adquiridas que facilitan la comunicación e interacción con los demás. Además, son parte de la formación y aprendizaje de la persona a lo largo de la vida que se forman desde el hogar e influye el colegio, los amigos. En la infancia es cuando se aprende en mayor medida a relacionarse con los demás; sin embargo, es un proceso continuo que, como cualquier otra competencia humana, pueden mejorarse a través de un aprendizaje socialmente adecuado y requieren de un buen autocontrol emocional.

Existe la creencia de que la simpatía y el atractivo social de algunas personas es innato. Sin embargo, está claro que es algo que se adquiere a través de experiencias que los van modelando hasta hacerlos expertos en estas habilidades. Son estrategias adaptativas, aprendidas de forma natural o que se adquieren mediante reforzamiento positivo.

Entre las habilidades sociales más destacadas se encuentran:

La asertividad permite la expresión de los sentimientos, deseos, actitudes y opiniones de una forma consciente, congruente, clara, directa y equilibrada con el fin de defender los legítimos derechos sin la intención de herir o perjudicar a los demás, comportándose desde un estado interior de autoconfianza y coherencia.

La empatía se considera una destreza básica en la comunicación interpersonal que permite reconocer, comprender y apreciar los sentimientos de los demás. En otras palabras, es ser capaces de “leer” emocionalmente a los demás. Es algo así como nuestro radar social que si se está atento puede permitir navegar con acierto en el mar de las relaciones para llegar a buen puerto.

A menudo nos encontramos con situaciones en las que resulta difícil o imposible decir “no” y surge el conflicto cuando se encuentran dos necesidades opuestas. Por una parte, si nos piden hacer algo que deseamos y esto representa una prioridad para uno mismo, no hay problema en ceder a los deseos del otro; sin embargo, cuando nos obligamos a vivir situaciones que no deseamos por temor a que se enfaden los demás o por el deseo de gustar, ser aceptado y mantener una buena imagen, compromete nuestro sistema y entramos en conflicto. Es el momento de decidir a qué necesidad darle prioridad, si a la de uno mismo o a la del otro, puesto que después hay que afrontar las consecuencias.

Ejemplos de motivos más frecuentes que dificultan decir “no” son:

Por evitar un conflicto. Se tiende a ceder por evitar una situación problemática, adoptando una actitud pasiva, con incapacidad para expresar con libertad lo que se siente y piensa. Quien actúa así no hace comprender sus necesidades y termina sintiéndose marginado mostrándose irritado por la carga de frustración acumulada.

Por miedo al rechazo. Está relacionado con la necesidad de aceptación, dependencia, aprobación y el reconocimiento de los demás. Esta actitud inhibe la creatividad, imaginación y autenticidad natural.

Por no hacer sentir mal a los demás. Es un miedo que se origina al sentirnos inseguros, que puede provocar sentimientos de culpa. En muchas ocasiones, de forma inconsciente, nos imaginamos lo que el otro va a sentir si nos negamos, sin tener la certeza. Hay que recordar que no se puede agradar a todas las personas.

Por sentir que no tengo derecho a negarme. Pone en evidencia un problema de autoestima, en donde se da por hecho que las necesidades del otro son más importante de la de uno mismo obligándose a vivir situaciones que no se desean.

Conviene tener presentes aspectos que mejoran la autoestima, autoimagen, así como la seguridad en nosotros mismos y que nos ayudan a relacionarnos mejor con los demás:

Reconocer cual es la necesidad, deseo e interés de uno mismo. Una vez identificado, solamente tú podrás decidir si eso es una prioridad para ti o no. A veces sentimos que decir “no” por pensar en nuestras necesidades es egoísmo y en realidad no lo es, si sabemos cuándo queremos ceder y cuándo no.

No tener miedo a equivocarse, somos humanos, nadie es perfecto. No te autoreproches cuando algo no sale como te lo esperabas, ya tendrás otra oportunidad para volver a intentarlo y seguir aprendiendo.

Aceptarse a sí mismo con sus valores y sus límites. Si estás a gusto contigo mismo, transmites un sentimiento de seguridad que te hace sentir bien y además es atractivo para las demás personas.

Confía en ti y en lo que haces. Sé tú mismo, los demás se dan cuenta cuando intentas ser alguien que no eres.

Recuerda: Nunca es tarde para aprender. El arte de convivir con los demás consiste en no quedarse corto y en no pasarse.

Benigna Rodríguez Cobo
Psicóloga Psicoterapeuta
Centro Sanitario Integral AYCAN