09 Sep 2017

La motivación: el “motor” para alcanzar nuestras metas

La motivación: el “motor” para alcanzar nuestras metas

La motivación está muy ligada a los instintos básicos que garantizan la supervivencia, implica dinamismo funcional y tiene como objetivo incrementar la probabilidad de adaptación del organismo a las condiciones cambiantes del medio ambiente.

Desde el punto de vista psicológico y filosófico, la motivación es el proceso dinámico interno, adaptativo, por el que se moviliza la persona para realizar determinadas acciones y persistir en ellas hasta alcanzar el objetivo. Su significado deriva de “movimiento” y la finalidad es satisfacer una necesidad, creando o aumentando con ello el impulso necesario para realizar una acción o bien para dejar de hacerlo. Podemos decir que es el “motor” que inicia, guía y mantiene el comportamiento hasta alcanzar la meta deseada a través de un proceso interno que impulsa a la persona, y este impulso, a su vez, se relaciona con algún evento interno o externo.

A mediados del siglo XX el psicólogo Abraham Maslow elaboró la teoría de la motivación humana que reflejó en una figura: la pirámide de Maslow. En ella jerarquizó las fuentes de motivación de las personas: situó como prioridad principal satisfacer las necesidades básicas del organismo, que una vez cubiertas darían lugar a la motivación por la protección y seguridad y, con posterioridad, a la necesidad del amor y la pertenencia a un grupo. Luego se hallaría el interés por la valoración social y, en último lugar, quedaría la motivación por sentirse plenamente autorrealizado.

Estas motivaciones básicas podrían explicar la mayor parte de las conductas diarias de una persona que, en una sociedad en la que no faltan los recursos básicos, se centran sobre todo en la seguridad que pueden aportar unos ingresos estables, conservar y fomentar las relaciones sociales para cubrir las necesidades de afecto, pertenencia a un grupo o familia y, para acabar, la motivación por sentirse valorado por los demás y sentirse conforme con todo ello.

La motivación también puede ser debida a factores intrínsecos cuando la persona realiza una actividad por el simple placer de hacerla, el deseo por conseguir lo que uno se propone y se encuentra así una fuente de energía para alcanzar el propósito planteado. Tiene que ver con objetivos personales, como la autosuperación o la sensación de placer. Por otra parte, la motivación debida a factores extrínsecos depende de elementos externos a la persona, se asocia a lo que se recibe a cambio de una actividad y no a la actividad en sí, como, por ejemplo, lo que se consigue siguiendo las normas impuestas por una familia, las obligaciones del trabajo (dinero, moda), de pertenencia a un grupo, etc.

También la personalidad incide en la motivación. Hay personas que buscan a menudo el afecto, atención y cariño de los demás, por lo que sus motivaciones principales se encontrarán en las relaciones sociales. Otro perfil es el relacionado con la admiración, que aparece en aquellas personas que disfrutan sintiendo reconocimiento. Otras se mueven por la exigencia en sí mismos y por controlar hasta el más mínimo detalle, por tanto su motivación es el perfeccionismo. En todos ellos, si no se obtiene la satisfacción deseada, se abre la puerta a la tristeza y la frustración.

Conviene definir dos perfiles de personas, en función de cómo orientan sus motivaciones:

  • Las que se mueven por conseguir el éxito.
  • Las que concentran toda su energía por evitar el fracaso.

En ambos casos pueden ser personas que cosechen grandes éxitos en su vida, pero, las que intentan evitar el error o fracaso se encuentran más fácilmente con estrés, debido a que el miedo se convierte en uno de los protagonistas en su vida.  Por el contrario, las personas motivadas por el acierto y con ganas de alcanzar el éxito, destilan menos preocupación y más optimismo. A menudo nos encontramos con abundantes síntomas psicológicos que se vinculan a la desmotivación. La depresión es uno de los principales, relacionada con expectativas poco alcanzables que, en lugar de motivar a la persona para conseguirlas, agudizan el nivel de estrés y la decepción por no alcanzarlas.

Es recomendable que la persona busque ayuda para recuperar una percepción realista de su situación.

¿Qué podemos hacer cuando la motivación falla?

La predisposición al cambio puede ser una buena estrategia puesto que la experiencia humana está llena de buenas intenciones y de intentos de cambiar: actitudes, hábitos, etc., seguida de “tropezones” o grandes “recaídas”.  Sin embargo, hay que entender primero qué es cambiar, ya que significa modificar nuestra conducta, nuestro comportamiento y hacer una revisión austera y franca de nuestro quehacer como personas. Para cambiar es necesario estar motivados y además:

  1. Elaborar un listado con pequeñas motivaciones de tal forma que puedan convertirse en objetivos o metas alcanzables a corto plazo. Esto aumenta la sensación de que es posible alcanzarlo para empezar a actuar.
  2. Establecer objetivos junto con la tolerancia de la decepción causada por no alcanzar alguno de ellos.
  3. Para evitar que aparezca el estrés vinculado a las metas demasiado ambiciosas, conviene realizar un ejercicio de realismo y evaluar si lo que se está intentando conseguir es alcanzable.
  4. Si los objetivos son excesivos habrá que abandonarlos y postergarlos a más adelante centrando las energías en aquello que es alcanzable en menos tiempo, así se cimentará la motivación.
  5. Importante que las motivaciones sean intrínsecas y que los motivos que nos muevan sean personales para evitar el riesgo de que lo impuesto desde fuera entre en conflicto con los intereses personales y pueda decaer el estado de ánimo por no satisfacer las necesidades individuales.

 

Benigna Rodríguez Cobo
Psicóloga Psicoterapeuta
Centro Sanitario Integral AYCAN