02 Mar 2018

Estrés, ¿cómo manejarlo?

La historia del estrés comienza hacia 1920, cuando el Dr. Walter Cannon descubrió la adrenalina y sus efectos. Ahora sabemos que esa hormona aumenta de manera importante cuando nos enfrentamos a retos, desafíos, peligros, etc. Posteriormente, el Dr. Marañón fue el primer científico del mundo que estudió los efectos emocionales de la adrenalina concluyendo que es un estimulante emocional general, y que el matiz preciso de angustia, agresividad o entusiasmo depende de la actitud mental y de los pensamientos que tenga la persona respecto a la percepción de la situación desencadenante.

Existen diferentes definiciones de estrés, pero una de la más aceptada es que se trata de una respuesta inespecífica del organismo cada vez que tiene que enfrentarse a situaciones nuevas o difíciles. Un determinado acontecimiento o suceso se considera estresante cuando implica una modificación o cambio importante en las condiciones de vida habitual. El problema está en determinar exactamente qué es la vida habitual y qué es un cambio importante.

Inicialmente, la respuesta al estrés es útil, porque ayuda a la defensa del organismo, contrarresta las influencias nocivas y facilita la adaptación. Sin embargo, si dura mucho tiempo, se produce el síndrome general de adaptación a través de diferentes fases: reacción de alarma, estadio de resistencia y fase de agotamiento.

La investigación psicosomática demuestra que las modificaciones en las exigencias del entorno y la introducción de nuevas maneras de realizar una tarea alteran el funcionamiento del sistema nervioso y de la secreción hormonal, incluso aunque esos cambios sean beneficiosos y faciliten la actividad del individuo. Hoy en día sabemos que la interacción entre el individuo y su entorno es muy fina y que tiende a mantenerse en un equilibrio constante. Cada novedad o variación con la que nos encontremos, por pequeña que sea, exige un reajuste de nuestros sistemas fisiológicos y psicológicos, lo que significa una sobrecarga para nuestro organismo. Y si en esa relación particular entre una persona y su ambiente es evaluada por la persona como una imposición o exigencia, que pueda exceder sus recursos, pone en peligro su bienestar.

Los acontecimientos vitales son, por definición, más o menos esperables en el curso de una vida normal, y su duración es relativamente breve. Diferente es el caso de otros dos tipos de factor externo de estrés: el trauma y la sobrecarga. El primero no es esperable en una vida normal, tratándose de un acontecimiento excepcional; y el segundo, también llamado estrés crónico, no está recortado en el tiempo. Cierto es que algunos acontecimientos vitales pueden ser traumáticos, dependiendo, entre otras cosas, de su intensidad, de su significado y del estado del individuo que los experimenta. Cierto es también que la duración de algunos acontecimientos no está claramente delimitada, pudiendo ser considerados más como sobrecargas que como eventos puntuales. Sin embargo, clínicamente se encuentran diferenciados.

Actualmente el estrés es uno de los factores de más alto riesgo en las enfermedades cardiovasculares, por lo que es importante intentar manejarlo y también prevenirlo:

 

Saber qué es el estrés, reconocerlo y sobre todo, averiguar qué lo está desencadenando y como está afectando a nuestro organismo, es el primer paso para el manejo y control.

Cuidar la alimentación con dieta equilibrada.

Evitar consumos excesivos de tabaco, café y alcohol, que son potenciadores del estrés.

Hacer ejercicio de forma regular mejora el bienestar general y ayuda a prevenir el estrés y las enfermedades que provoca.

Intentar transmitir sentimientos sobre lo que le pasa, ayuda a regular las emociones y favorece la desaparición de trastornos.

La práctica del optimismo, sustituyendo pensamientos negativos por positivos. No es fácil, pero tampoco imposible, beneficia el sistema inmunitario.

Aprender a decir NO. A menudo se tiende a crear más obligaciones de las necesarias. Atreverse a manifestar la opinión y no sobrecargarse con responsabilidades excesivas.

Aprender a respirar correctamente es la llave maestra de la relajación. Es imposible estar relajado físicamente y tenso emocionalmente al mismo tiempo, puesto que no pueden convivir en el mismo momento la sensación de bienestar corporal y la de estrés mental.

La relajación mental elimina la tensión psíquica!

 

Benigna Rodríguez Cobo
Psicóloga Psicoterapeuta
Centro Sanitario Integral AYCAN