23 Mar 2019

Aprender a estudiar: Cómo potenciar los hábitos de estudio en nuestros hijos

En lugar de reforzar y premiar notas y aprobados, intentar elogiar y alabar esfuerzo y rutinas.

Confucio consiguió reunir en esa frase tan acertada el principio básico del constructivismo, lo que en psicología y pedagogía denominamos enseñanza orientada a la acción, es decir, el aprendizaje no se produce escuchando y oyendo a los demás sino que el aprendizaje significativo pasa por ver y experimentar, con el máximo de los sentidos posibles, todo lo explicado, oído y visto. Ya nuestros antepasados transmitían el conocimiento de una generación a otra a través del contacto entre los miembros de la tribu, de unos a otros y a base de práctica y entrenamiento. En dos palabras: ¡Aprender haciendo!  ¡No hay otra forma de hacerlo… entrenamiento, mucha práctica y constancia!

La familia como primer agente de socialización de nuestros hijos tiene un papel fundamental para fomentar el éxito en el ámbito escolar. El primer paso necesario es reconocer y hacer explícito a nuestros hijos que todo proceso de aprendizaje significa esfuerzo, práctica y automatización, es decir, transmitir tanto a través del ejemplo como de la palabra que las cosas importantes y que merecen la pena sólo se consiguen con mucho esfuerzo, sacrificio y práctica. Es necesario hacer hincapié en que se aprende desde el momento en que nacemos y que la experiencia que tenga nuestro hijo en su proceso de aprendizaje marcará su futuro, ya que si su experiencia es positiva y motivadora conseguiremos que asocie el hecho de aprender con la capacidad de sentirse capaz, de lograr objetivos y de alimentar su capacidad de superación.

Os proponemos una serie de recomendaciones y sugerencias para potenciar la motivación y la capacidad de superación de nuestros hijos, incrementando las posibilidades de éxito en el ámbito escolar:

1.- Reconocer el valor y la importancia de estudiar. Se trata de reconocer su dificultad y valorar la necesidad de estudiar ya no sólo como opción para disponer de una profesión cualificada, sino como parte fundamental en el crecimiento personal. Que oigan expectativas y mensajes positivos, conociendo las experiencias personales de sus padres cuando estudiaron y de otras personas cercanas. Un aspecto clave es no comparar con otros niños de su edad, se trata de potenciar desde lo positivo y no culpabilizando ni exigiendo. Por mucho que lo padres deseemos y queramos que nuestros hijos estudien, hasta que ellos no lo interioricen y estén convencidos que es lo mejor para ellos, no lo harán. Por ello, más que castigar por no hacer, premiar por asumir responsabilidades y cumplir rutinas.

2.- Es necesario que como padres minimicemos los errores que comentan y ensalcemos todos sus logros, avances y aspectos positivos que consigan, por muy pequeños que resulten. Y no solo logros académicos, también reforzar y valorar aspectos sociales, emocionales y valores.

3.- Elaborar un horario de tarde consensuado con vuestro hijo de manera que tenga una tarde organizada con tiempos para merendar, estudiar, jugar, estar con la familia… El horario se utilizará como referencia principal y habitual de funcionamiento, lo que no significa que no se pueda modificar siendo flexibles y comprensivos. Tener en cuenta que a partir de primero de educación primaria, el niño ya necesita dedicar todos los días entre semana un tiempo y espacio para estudiar. Como referencia podemos establecer un tiempo de 30 minutos al día para primero y segundo de Educación Primaria, 60 minutos al día para tercero y cuarto y 90 minutos al día para quinto y sexto. A partir de Educación Secundaria Obligatoria, dedicar dos horas diarias. En caso de finalizar la tarea antes del tiempo establecido, aprovechar el tiempo restante para repasar otros temas, leer libros o periódico, hacer esquemas… la idea es que automatice que todos los días tiene que dedicar un tiempo establecido a estudiar, leer o hacer los deberes.

4.- Ya desde pequeños enseñarle técnicas de estudio básicas: antes de comenzar a entender y estudiar un apartado hacer una lectura rápida del mismo, poniendo atención en sus apartados y palabras clave, fijarse en los dibujos explicativos, subrayar lo más importante con diferentes colores en función de si son palabras claves, definiciones, aspectos esenciales…, volver a leer, realizar esquemas, hacerle preguntas para saber si lo ha comprendido… Si vamos a perder la calma y el control, es mejor delegar la tarea en alguien externo que le pueda ayudar desde la tranquilidad y sin proyectarle ansiedad.

5.- Proporcionar unas condiciones óptimas con un lugar tranquilo, iluminado y sin ruidos, donde poder leer, realizar los deberes y estudiar con calma y tranquilidad. No tener la televisión encendida, ya que le distrae y le resta concentración. Intentar que no tenga el móvil cerca o que éste se encuentre apagado, evitando distractores y potenciando la concentración. Es importante que asocie estudio con silencio y que la zona dedicada e este fin, sea para eso y solo eso.

6.- Relación positiva y constructiva con la escuela. Resulta fundamental que nuestros hijos vean que la relación que mantenemos con la escuela es auténtica y positiva, no hablando mal ni criticando su forma de actuar. Si existe alguna discrepancia con la escuela lo mejor que podemos hacer es dirigirnos a ella, exponer nuestras dudas y sugerencias con el máximo respeto, intentando llegar a acuerdos mutuos y consensuados.

7.- En lugar de reforzar y premiar notas y aprobados, intentar elogiar y alabar esfuerzo y rutinas. Lo verdaderamente importante es que nuestro hijo dediquen todos los días un rato al estudio, en lugar de centrarnos en si lo hace bien o mal, adquiriendo el hábito de trabajar todos los días, valorando y reforzando el esfuerzo y el sacrificio que pone a las cosas. No presionar con las notas, ya que puede llevar al autocastigo, la culpa y a la autoexigencia personal. Los resultados se tienen que valorar por el esfuerzo invertido, el trabajo diario y la implicación durante todo el curso y no sólo en época de exámenes. Insistir en que el estudio es una tarea dura, que requiere constancia y que si en un momento dado no supera un ejercicio o examen no pasa nada, porque si sigue esforzándose llegará a comprenderlo y superarlo.

8.- Más que premiar con cosas materiales, reforzar con elogios verbales y compartiendo actividades y espacios gratificantes como jugar juntos, comer una hamburguesa con ellos… potenciando el aspecto social y familiar.  Evitar dejarte llevar por la decepción antes los resultados académicos, las riñas y los castigos, no amenazando con profesor particular o internado, proyectando en el niño tus sentimientos de culpa y reprochándole que es un vago y un irresponsable.  En su lugar, trabajar la motivación, el trabajo diario, las rutinas y la constancia… verdaderos indicadores de éxito.

9.- Acompañar en el estudio. Antes de comenzar dedicar diez minutos para compartir con vuestro hijo como va a distribuir el tiempo de estudio, motivarle hacia la tarea dándole expectativas de que lo va a lograr, mirar la agenda, revisar los cuadernos  y supervisar la tarea que tiene que realizar.  Una vez hecho, le dejaremos sólo con la posibilidad de que nos llame si tiene dificultades o no entiende algún enunciado. Fomentar su autonomía e independencia en el estudio, intentando que realice sólo la tarea, insistiendo en que lo importante no es si lo hace bien o mal sino que lo intente, ponga ganas y se esfuerce.

10.- No existe mayor motivación ante una tarea que la satisfacción y gratificación personal que te reporta el hecho de hacerla. Si conseguimos que nuestros hijos disfruten de la actividad que realizan, conseguiremos que dediquen más tiempo, esfuerzo y recursos a dicha tarea, sin necesidad de insistir y reforzar. El mejor ejemplo lo tenemos en el deporte, cuando conseguimos disfrutar de él, tanto el tiempo que invertimos como los resultados que obtenemos se multiplican exponencialmente.  Para ello es necesario poner el énfasis en el proceso y no en el resultado.

11.- Desayunar con tiempo y equilibradamente. Un aspecto descuidado muy habitualmente. Tanto desayunar como hacerlo con tiempo tiene que convertirse en un hábito muy consolidado ya que nuestro cerebro se alimenta de glucosa y es necesario que disponga de esta sustancia para rendir adecuadamente.  El cerebro representa sólo el 2% de nuestro peso, pero precisa alrededor del 20% de la energía que ingerimos. Si tenemos en cuenta la frase de que somos lo que comemos, el cerebro también dependerá de nuestra alimentación. Podemos mejorar la salud y las funciones del cerebro a través de lo que ingerimos. Incluir siempre lácteos(leche, yogur, queso..),  hidratos de carbono ( pan, cereales, galletas…)  y una pieza de fruta.

12.- Asegurar que duerme unas horas mínimas, entre 9 y 11 horas diarias que le permitan acudir a la escuela en condiciones óptimas de atención, concentración y memoria. Para ello, es necesario que tenga unas rutinas establecidas, con una hora tope para ir a la cama y otra para levantarse sin prisas ni agobios. Que el despertar sea tranquilo, con tiempo y sin ansiedad.

13.- No olvidar que posibles conflictos emocionales y afectivos en la familia le pueden repercutir de forma considerable. Un buen clima familiar es fundamental para potenciar sus capacidades y resultados. En caso contrario, no es capaz de centrarse en las actividades del día por centrarse en los problemas emocionales que observa y siente en casa.

Fco. Javier Zamora Bilbao

Psicólogo General Sanitario
Centro Sanitario Integral AYCAN